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Augusto César y el arte
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| Imagen creada con Bing IA |
Augusto César (63 a.C.-14 d.C.) fue el primer emperador de Roma y el fundador de la dinastía Julio-Claudia. Su reinado se caracterizó por la paz, la prosperidad y el florecimiento del arte y la cultura. Pero, ¿cómo usó Augusto el arte para legitimar su poder y promover su imagen?
El arte como propaganda política
Augusto era el hijo adoptivo de Julio César, el famoso general y dictador que fue asesinado por sus enemigos políticos. Tras una larga guerra civil, Augusto derrotó a sus rivales, especialmente a Marco Antonio y Cleopatra, y se convirtió en el gobernante supremo de Roma. Sin embargo, no quiso parecer un tirano, sino un restaurador de la república. Para ello, se presentó como el heredero de César y el descendiente de los dioses, especialmente de Venus, la diosa del amor y la belleza.
Augusto encargó numerosas obras de arte que mostraban su linaje divino, su victoria militar y su benevolencia hacia el pueblo. Por ejemplo, la Gemma Augustea, un camafeo tallado en ónice, representa a Augusto como Júpiter, el rey de los dioses, sentado junto a la diosa Roma. En la parte inferior, se ven escenas de las campañas de Augusto en Germania y en Oriente. La Ara Pacis, un altar dedicado a la Paz, muestra a Augusto y a su familia participando en un ritual religioso, rodeados de relieves que simbolizan la fertilidad y la prosperidad de Roma bajo su gobierno.
El arte como expresión de la identidad romana
Augusto no solo usó el arte para glorificar su persona, sino también para afirmar la identidad y los valores de Roma. Augusto se inspiró en el arte clásico griego, que admiraba por su belleza y armonía, pero lo adaptó al estilo y al gusto romanos. Augusto promovió el arte neoático, que imitaba el arte griego del siglo V a.C., considerado el periodo de mayor esplendor de la cultura helénica.
Augusto se hizo retratar con rasgos idealizados, que evocaban la perfección y la eterna juventud de los dioses griegos. Sin embargo, también conservó algunos rasgos personales, como su cabello rizado y su nariz aguileña, que le daban un aspecto realista y distintivo. El busto de Augusto de Prima Porta, una de sus imágenes más famosas, combina estos elementos. Augusto aparece con una armadura decorada con escenas de su triunfo sobre los partos, una de las naciones más poderosas de su época. Al mismo tiempo, adopta una pose y un gesto que recuerdan a las estatuas de los oradores griegos, que simbolizan la elocuencia y la autoridad.
El arte como medio de embellecer y civilizar el mundo
Augusto no solo se preocupó por el arte que le representaba a él, sino también por el arte que adornaba y enriquecía la ciudad de Roma y las provincias del imperio. Augusto se jactó de haber encontrado una Roma de ladrillo y haberla dejado de mármol, aludiendo a las numerosas obras públicas que impulsó durante su mandato. Augusto construyó y restauró templos, teatros, foros, acueductos, puentes y monumentos que mejoraron la vida urbana y el culto a los dioses. Algunos de estos edificios, como el Panteón, el [Teatro de Marcelo] o el [Mausoleo de Augusto], todavía se conservan hoy en día.
Augusto también extendió el arte y la cultura romanos por las provincias del imperio, que abarcaban desde Hispania hasta Egipto, y desde Britania hasta Siria. Augusto fundó o favoreció ciudades que se convirtieron en centros de difusión del arte romano, como Mérida, Nimes, Lyon, Tarragona, Cartago o Alejandría. Augusto fomentó el mestizaje y la convivencia entre los pueblos sometidos y los colonos romanos, creando una cultura híbrida y diversa, pero al mismo tiempo unificada por el idioma, el derecho y la religión romanos.
Augusto César fue el primer emperador de Roma y el creador de un sistema político que duró más de cuatro siglos. Su legado artístico es una muestra de su genio y de su ambición, pero también de su sensibilidad y de su visión. Augusto supo usar el arte como un instrumento de propaganda, de identidad y de civilización, que contribuyó a la grandeza y la gloria de Roma.
