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La última cena, de Leonardo da Vinci: análisis y significado

La última cena

La última cena es una pintura mural realizada entre los años 1495 y 1498 por el multifacético artista italiano Leonardo da Vinci (1452-1519). Fue encargada por Ludovico Sforza, el duque de Milán, para el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie, donde se conserva hasta hoy. Se considera una de las mejores obras pictóricas de la historia del arte, por su innovación técnica, su expresividad y su simbolismo.

Contexto histórico y artístico

Leonardo da Vinci fue un genio del Renacimiento, que se destacó en múltiples disciplinas, como la pintura, la escultura, la arquitectura, la ingeniería, la anatomía, la botánica y la música. Su curiosidad insaciable y su espíritu investigador lo llevaron a explorar los secretos de la naturaleza y el ser humano, buscando la armonía y la belleza.

En 1482, Leonardo se trasladó a Milán, donde entró al servicio de Ludovico Sforza, el gobernante de la ciudad. Allí realizó numerosos proyectos artísticos y científicos, entre los que se destaca la última cena, una pintura mural que ocupó al artista durante cuatro años, desde 1495 hasta 1498.

La obra fue realizada para el refectorio o comedor del convento de Santa Maria delle Grazie, una iglesia dominica que había sido ampliada y embellecida por Ludovico Sforza. El duque quería convertir el lugar en un mausoleo familiar y en un símbolo de su poder y prestigio. Por eso, encargó a Leonardo una pintura que representara la última cena de Jesús con sus apóstoles, un tema muy apropiado para el espacio donde los monjes tomaban sus alimentos.

Técnica y composición

Leonardo da Vinci no utilizó la técnica tradicional del fresco, que consiste en pintar sobre una capa de yeso húmedo, sino que experimentó con una técnica mixta, que combinaba el temple y el óleo sobre una superficie de yeso seco. De esta manera, pretendía lograr mayor durabilidad y luminosidad en los colores, así como mayor libertad y precisión en el dibujo.

Sin embargo, esta técnica resultó ser un fracaso, ya que la pintura comenzó a deteriorarse poco después de su finalización, debido a la humedad, los agentes atmosféricos y los daños causados por las guerras y las restauraciones. A pesar de ello, la obra conserva su valor artístico y su fuerza expresiva.

La pintura mide 4,6 metros de alto por 8,8 metros de ancho, y ocupa toda la pared norte del refectorio. La escena recrea la última comida entre Jesús y sus apóstoles, a partir del relato descrito en el evangelio de Juan, capítulo 13. Leonardo quiso mostrar el momento exacto en que Jesús declara la traición de uno de los presentes: “De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar” (Jn 13, 21).

La composición es muy equilibrada y armónica, basada en la geometría y la perspectiva. Leonardo utiliza la proporción áurea y el triángulo como elementos ordenadores. La mesa forma una línea horizontal que divide el espacio en dos partes: la inferior, donde se sitúan los personajes, y la superior, donde se abre una ventana que muestra un paisaje. El punto de fuga de la perspectiva coincide con la cabeza de Jesús, que se encuentra en el centro de la composición, formando un triángulo con sus brazos extendidos y su torso. Este triángulo se inscribe en otro más grande, formado por las paredes laterales y el techo de la sala. Así, Leonardo crea una sensación de profundidad y de continuidad entre el espacio pictórico y el espacio real.

Los personajes están agrupados en cuatro tríos, a cada lado de Jesús, creando un ritmo simétrico y una variedad de gestos y actitudes. Cada apóstol tiene una identidad y una personalidad propias, que se reflejan en su rostro y en su postura. Leonardo se basó en modelos reales y en estudios anatómicos para lograr un gran realismo y naturalismo. Al mismo tiempo, dotó a los personajes de una gran expresividad y dramatismo, mostrando sus reacciones ante la noticia de la traición.

Significado y simbolismo

La última cena de Leonardo da Vinci es una obra cargada de significado y simbolismo, que trasciende la mera representación de un episodio bíblico. El artista quiso plasmar su visión personal y su interpretación teológica de la escena, así como su conocimiento de la naturaleza y el ser humano.

Uno de los aspectos más novedosos e influyentes de la obra es la integración de Judas en el grupo de los apóstoles, rompiendo con la tradición iconográfica que lo situaba aparte o al otro lado de la mesa. Leonardo lo coloca en el segundo trío, a la derecha de Jesús, junto a Pedro y Juan. De esta manera, crea una mayor tensión dramática y una mayor ambigüedad sobre la identidad del traidor. Judas se reconoce por el gesto de agarrar una bolsa con las monedas de su traición, y por la sombra que proyecta su rostro sobre la mesa.

Otro aspecto significativo es la presencia de elementos simbólicos que aluden al destino de Jesús y al sacramento de la eucaristía. Por ejemplo, el cordero que se ve en el centro de la mesa, que representa el sacrificio de Cristo como cordero de Dios; el pan y el vino, que simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo; el cuchillo que sostiene Pedro, que anticipa el corte de la oreja de Malco en el huerto de Getsemaní; el gesto de bendición de Jesús, que indica la institución de la nueva alianza; y el paisaje que se observa por la ventana, que sugiere la cercanía de la pasión y la resurrección.

La obra también contiene referencias astrológicas y numerológicas, que reflejan el interés de Leonardo por el cosmos y la naturaleza. Algunos estudiosos han señalado que los doce apóstoles podrían representar los doce signos del zodíaco, y que la disposición de los elementos en la mesa podría formar un reloj solar. Asimismo, se ha destacado el uso de los números tres, cuatro y doce, que tienen un valor simbólico en la tradición cristiana y en la filosofía pitagórica.


La última cena de Leonardo da Vinci es una obra maestra del arte renacentista, que combina la técnica, la expresión y el simbolismo de manera magistral. Es una pintura que ha fascinado y conmovido a generaciones de espectadores, y que ha inspirado a numerosos artistas y escritores. Es una obra que invita a la contemplación y a la reflexión, y que revela la genialidad y la sensibilidad de su autor.